Toda imagen nace de un acuerdo entre la luz y algo que mostrar del mundo. Sin duda es un pacto silencioso donde lo visible se ofrece a fijar un instante sobre la materia sensible. En estas fotografías, ese acuerdo se desplaza.
La luz se filtra y aparece por donde no deseas, otras veces cambia de dirección, o duda si debe salir tras una nube o quedarse ahí durante un buen rato. Y el negativo fotográfico, soporte sensible y frágil, registra esos gestos como marcas que evidencian fallos y que anuncian posibilidades.
Lo que emerge de todo ello no lo concibo como una recopilación de rrores, ruidos y desajustes ocasionales, sino como potencial expresivo y narrativo donde el azar modifica la escena y la convierte en algo que no estaba previsto; algo que quizá siempre estuvo ahí, esperando su momento y su forma, pero que sólo había que descubrirlo.
El proyecto nace en este desajuste; la luz herida es la intuición de que la imagen surge de su encuentro con la luz y la materia,sin someterse a lo previsto.
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